El consumo consumo crítico, consciente y responsable orienta los hábitos de consumo, ajustándolos a las necesidades reales y optando por bienes y servicios que favorezcan la conservación del medio ambiente, la igualdad social y el bienestar de los trabajadores. El consumo responsable tiene en cuenta, además del precio y calidad, la naturaleza, las características sociales y laborales del entorno de producción y las consecuencias medioambientales posteriores. La práctica del consumo alimentario responsable, por lo tanto, se concreta en acciones de compra que priman aquellos criterios que implican menores impactos ambientales, sociales y económicos.
El consumo de alimentos frescos, de temporada,
Vivimos en una región con gran vocación agrícola. Importar verduras, frutas y legumbres tiene difícil justificación más allá de abastecernos de producciones que climáticamente no nos son propias. Supone un despilfarro energético, acarrea grandes impactos ambientales y compromete la viabilidad de nuestra propia agricultura.
El desperdicio alimentario es un problema de carácter económico, nutricional, medioambiental, pero sobretodo un problema ético. La pérdida de alimentos dificulta la transformación de las cadenas de valor alimentarias en sostenibles. Cada año se pierde o se desecha casi un tercio de la comida producida en todo el mundo, aproximadamente 1.700 millones de toneladas anuales, el equivalente a más de la mitad de la cosecha mundial de cereales. Además, esto representa la pérdida de mano de obra e ingresos y una presión extra sobre los ecosistemas (agua, energía, tierra y otros recursos) para obtener esos alimentos que luego se tiran.
Para producir los alimentos que se pierden o desperdician en el mundo cada año:
Así mismo, el sector agroganadero sufre una doble pérdida: lo que dejan de ganar y lo que han invertido en producir.
Esto ocurre debido a problemas en la recolección, distribución, mercado, así como a los marcos legales, prácticas de etiquetado, de almacenamiento, de compra o de cocina inadecuadas. El mayor desperdicio de alimentos ocurre durante la distribución, las ventas al por menor y en el último eslabón de la cadena, el consumo. Así mismo, las regulaciones a menudo creadas para resolver otros problemas provocan fuertes desperdicios al favorecer un excedente que no llega a cosecharse. El 46% de las pérdidas de alimentos ocurren cuando todavía son aptos para la alimentación humana. ¡No es necesario producir más sino desperdiciar menos!
El Parlamento Europeo aprobó (en 2012 y 2017) iniciativas por las cuales se pide a los Estados miembros reducir, de cara a 2030, la cantidad de alimentos que se tira cada año a la mitad, mediante la puesta en marcha de medidas como la eliminación de las restricciones para las donaciones, la futura exención de impuestos en la donación de alimentos o la clarificación de los conceptos de “consumo preferente” y “fecha de caducidad”.
https://www.youtube.com/watch?v=7uhicBad4VM
https://www.youtube.com/watch?v=IoCVrkcaH6Q